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Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús entonces envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan a la aldea que está enfrente de ustedes, y enseguida encontrarán un asna atada y un pollino con ella; desátenla y tráiganlos a Mí. »Y si alguien les dice algo, digan: “El Señor los necesita”; y enseguida los enviará». Esto sucedió para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta, cuando dijo: «Digan a la hija de Sión: “Mira, tu Rey viene a ti, Humilde y montado en un asna, Yen un pollino, hijo de bestia de carga”». Entonces fueron los discípulos e hicieron tal como Jesús les había mandado, y trajeron el asna y el pollino. Pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La mayoría de la multitud tendió sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y las multitudes que iban delante de Él y las que iban detrás, gritaban: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito Aquel que viene en el nombre del Señor! !¡Hosanna en las alturas!». Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se agitó, y decían: «¿Quién es Este?» Y las multitudes contestaban: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea» Jesús entró en el templo y echó fuera a todos los que compraban y vendían en el templo. También volcó las mesas de los que cambiaban el dinero y los asientos de los que vendían las palomas. Y les dijo*: «Escrito está, “Mi casa será llamada casa de oración”, pero ustedes la están haciendo cueva de ladrones». En el templo se acercaron a Él los ciegos y los cojos, y los sanó. Pero cuando los principales sacerdotes y los escribas vieron las maravillas que había hecho, y a los muchachos que gritaban en el templo y decían: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron. Y Le dijeron: «¿Oyes lo que estos dicen?». Y Jesús les respondió*: «Sí, ¿nunca han leído: “De la boca de los pequeños y de los niños de pecho te has preparado alabanza?”» Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y se hospedó allí.” (Mateo 21:1–17, NBLA)

La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén fue recibida con reacciones contradictorias. Según las Escrituras, mientras unos gritaban ¡Hosanna! otros cuestionaron quién era Él, y algunos se indignaron por lo que presenciaron ante sus ojos. Este incidente bíblico fue tan significativo que se narra en los cuatro Evangelios (Mc 11,1-11; Mt 21,1-11; Lc 19,28-40; Jn 12,12-19). Ese evento y dia es reconocido como El Domingo de Ramos, y conmemora ese acontecimiento, en el que Jesús fue proclamado "Rey" por los hosannas de la multitud. Se ha convertido en costumbre utilizar Hosanna en el contexto de la alabanza.  Sin embargo, su origen hebreo lo convierte en una petición de salvación. Su raíz hebrea se encuentra en el Salmo 118:25, que declara “Te rogamos, oh Señor, sálvanos ahora; Te rogamos, oh Señor, prospéranos ahora.” (NBLA). Esto es digno de mención porque el pueblo de Israel estuvo sometido a dos instituciones opresivas durante este tiempo: el Imperio Romano y las Instituciones Religiosas establecidas por los líderes religiosos de la élite.

Su clamor a Jesús de Hosanna era una profunda súplica de liberación y salvación de lo que enfrentaban, no una mera alabanza y adoración como el Mesías.  En sus mentes, sin duda interpretaron este punto de los acontecimientos del día como el comienzo de la decisión de Jesús de empezar a liberarlos finalmente de sus captores. Sin embargo, no era más que otro día de exposición de las cosas que realmente los separaban de la verdadera salvación que trascendía la realidad natural. Cuando Jesús subió a Jerusalén, entró en el templo, y mientras estaba allí, mostró desprecio por algunos y compasión por otros. Mientras Jesús era aclamado como Rey por ese único día, era todo lo que Jerusalén podía soportar. ¿Podríamos soportar lo mismo cuando Él entre en el templo de nuestras familias e iglesias?

Tenemos que entender que Jesús no será Rey solamente por un día, como se celebró el Domingo de Ramos. Él será, es y será eternamente Rey, y como declaró el Apóstol Pablo “Porque está escrito: «Vivo y, Odice el Señor, que ante Mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua alabará a Dios». De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo.” (Romanos 14:11–12, NBLA) En ese Día, tanto los creyentes como los incrédulos gritarán Hosanna al encontrarse cara a cara con el Rey Jesús. ¿Será tu Hosanna uno de Alabanza en súplica para completar Su obra salvadora en tu vida? ¿O será tu Hosanna uno de angustia y de realización, de que has perdido completamente toda tu vida?

¿Cuál será el Hosanna de tu cónyuge?  
¿Cuál será el Hosanna de tus hijos?
¿Cuál será el Hosanna de tus amigos, compañeros de trabajo, líderes y pastores en ese día?

Por eso, es mejor permitir que nuestro Hosanna sea hoy y permitir que Él sea el Rey en cada área de nuestras vidas. Clama Hosanna, Sálvanos ahora, te lo pedimos, oh Señor.

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