Pensamientos, artículos e ideas que reforman.

Hay un himno antiguo que fue escrito en el año 1889, por Warren D. Cornell, titulado «Paz, Cuan Dulce Paz» que dice:

En el fondo de mi alma hay una dulce quietud
Se difunde inundando mi ser
Es una calma infinita que sólo podrán
Los amados de Dios comprender
Paz, paz, cuan dulce paz
Es aquella que el Padre me da
Se lo ruego por siempre que inunde mi ser
En sus ondas de amor celestial

El mundo puede encontrarse en caos, crisis, y dificultades, pero los Hijos de Dios tienen una paz que Jesús ha dejado. Esta paz la dio nuestro Padre Celestial a través del sacrificio en la Cruz y Resurrección de su Hijo Jesús.

Jesús dijo:

»La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo.” (Juan 14:27, NBLA)

La palabra mundo es kosmos que significa «sistema del mundo.» En otras palabras el mundo tiene un sistema que ofrece paz, pero los métodos, creencias, valores y costumbres para obtener esta paz son opuestos al sistema del reino de Dios.

El mundo, por ejemplo, dice que para obtener paz en nuestra vida tenemos que tener una vida ausente de conflicto, crisis, o dificultades. Y el mundo ofrece mecanismos y sistemas para remover todo lo que nos incomoda. Pero Jesús nos ha dejado paz aunque tengamos conflicto, crisis o dificultades en nuestra vida. El sistema del mundo busca la comodidad y se siente bien, pero no ofrece verdadera libertad y paz.

Cuando alguien es rechazado, suele intentar deshacerse de ella rebelándose o aislando a sí mismo. Pero, en medio de rechazo, Jesús ofrece paz a través del perdón y la aceptación incondicional de su amor. «No necesito a nadie», se puede pensar y decir en respuesta al rechazo. Sin embargo, esto solamente añade dolor y rechazo. Se sentirá incómodo al tener que perdonar al principio, especialmente se uno siente que fue injusto el rechazo o lo que ha sucedido. Pero en esta tensión e incomodidad encontraremos perdón, sanidad, restauración y la Paz como Jesús da.

Cuando uno experimenta dolor ya sea físico o emocional, uno busca lo que el mundo ofrece para aliviar el dolor. Ya sea medicamento o vicios que alivian este dolor interno o externo. Pero Jesús ofrece una paz en medio del dolor a través de la sanidad física e interior que nos da salud física, emocional y espiritual. Será incómodo tener que admitir que necesitamos sanidad interior y, a veces, pedir oración y ayuda. Sin embargo, es en esta incomodidad y tensión donde empezamos a encontrar la verdadera paz y sanidad.

El mundo puede decir: «¡Finge hasta que lo logres!» o «¡Los palos y las piedras pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca me harán daño!» o «¡Dale tiempo, el tiempo lo sana todo!».  Todos estos dichos solamente alivian a corto plazo proveyendo una falsa comodidad, para luego descubrir que ni el tiempo, ni fingir, ni ignorar las cosas sanaron tu vida. La verdadera paz solamente viene cuando salimos fuera de nuestra comodidad falsa en búsqueda de la verdadera libertad y paz en Cristo.

El himno antiguó continua:

Que tesoro yo tengo en la paz que me dio
Y en el fondo de mi alma ha de estar
Tan segura que nadie quitarla podrá
Mientras mire los años pasar
Alma triste que en rudo conflicto te ves
Sola y débil tu senda al seguir
Haz de Cristo tu amigo pues fiel siempre es
Y su paz tu podrás recibir

Escucha este himno y corre a los pies de Jesús, saliendo de la comodidad falsa de este mundo en búsqueda de una verdadera paz que es ejecutada a través de Cristo.

Preguntas para reflexionar:

¿Qué mecanismos o sistemas del mundo has utilizado para tener una falsa paz que te mantiene cómodo en el dolor y el pecado?

Después de identificar esos mecanismos y sistemas, haz una oración de arrepentimiento y pide al Espíritu Santo que te ayude a buscar la verdadera libertad y paz en Jesús.

Escribe dos cosas que harás para no volver a la falsa comodidad que esos sistemas te han ofrecido.

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