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Cuando enseño sobre lo profético y cómo escuchar la Voz de Dios. Siempre advierto que es más fácil escuchar a Dios de parte de otros que de nosotros mismos. Hay muchas razones por que esto sucede. Las razones básicas abarcan desde la falta de entrenamiento y activación para escuchar Su voz. Sin embargo, las razones más severas son cuando un creyente se ha desviado hacia un estilo de vida que está en contra de la voluntad de Dios. En este breve artículo, quiero abordar esa última razón. El entrenamiento y el equipamiento están disponibles para ser activados, sin embargo, la meta a largo plazo no es solo escuchar a Dios, sino ser más como Cristo en nuestra vida diaria. Esto solamente viene a través de reconocer nuestra necesidad de una relación profunda e íntima con Jesús.

Para ser claros, la desobediencia o el pecado durante un momento de caída no hace que uno sea incapaz de escuchar la Voz de Dios. Si esto fuera cierto, Jesús nunca traería convicción de nuestros pecados para llevarnos al arrepentimiento. Sin embargo, nuestra desobediencia y estilo de vida pecaminoso hace que perdamos nuestra sensibilidad a Su Voz.

¿POR QUÉ ALGUIEN DEJA DE ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS?

Dios siempre está tratando de hablarnos; hace todo lo posible para comunicarse con nosotros. No creo que alguien pueda dejar de oír a menos que se niegue voluntariamente a obedecer Su voz o que le falte la fe (ignorancia) para creer que puede oír Su voz. Pero, sí creo que puede llegar a ser difícil y al mismo tiempo hacer que se pierda su bendición. Sin embargo, Dios es misericordioso y lleno de gracia, si la Escritura dice que siendo aún pecadores, murió por nosotros (Romanos 5:6-8), no creo que ni siquiera el pecado le impida hablar. Depende de nuestra fe y obediencia para escucharlo.

“Porque Él es nuestro Dios, Y nosotros el pueblo de Su prado y las ovejas de Su mano. Si ustedes oyen hoy Su voz, No endurezcan su corazón como en Meriba, Como en el día de Masah en el desierto, Cuando sus padres me tentaron, Me pusieron a prueba, aunque habían visto Mi obra. Por cuarenta años me repugnó aquella generación, Y dije: «Es un pueblo que se desvía en su corazón Y no conocen Mis caminos. »Por tanto, juré en Mi ira: Ciertamente no entrarán en Mi reposo».” (Salmo 95:7–11, NBLA)

¿QUÉ PUEDE IMPEDIR QUE OIGAMOS SU VOZ CON CLARIDAD/QUE SE NOS NUBLE?

Hay dos formas principales en las que escuchar la voz de Dios puede volverse difícil, bloquearse o nublarse. Una de ellas es el pecado; cuando alguien ha estado viviendo un estilo de vida de pecado, se vuelve insensible a la voz y los caminos de Dios. Algo que debemos reconocer es que Dios es fiel a su palabra. Podemos seguir viendo milagros en nuestra vida, escuchar la voz de Dios hacia otros, pero no poder escuchar su Voz personalmente para nosotros por el pecado en nuestra propia vida. Debemos de reflexionar en la advertencia que Jesús nos da:

“»Así que, por sus frutos los conocerán. »No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos. »Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?”. »Entonces les declararé: “Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”.” (Mateo 7:20–23, NBLA)

La Voluntad del Padre no es solamente que nosotros podamos profetizar, echar fuera demonios, resucitar a los muertos y sanar al enfermo. La Voluntad del Padre es que nosotros tengamos una relación intima con Jesucristo y que podamos escuchar su voz. Pero, la iniquidad, o la práctica de un estilo de vida de iniquidad en nuestra vida nos separa de Él.

Lamentablemente, hemos categorizado los pecados desde los pequeños que toleramos hasta los graves de los que nos avergonzamos, sin embargo, Jesús ve todo el pecado igual. Una pequeña mentira es tan pecaminosa como el asesinato, el adulterio o la fornicación. De hecho, Apocalipsis dice:

»Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras, y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda».” (Apocalipsis 21:8, NBLA)

Esta advertencia del libro del Apocalipsis debería hacernos reflexionar y examinar nuestras vidas.

Ahora, es importante enfatizar, que «los que practican la iniquidad» en este pasaje fueron personas que no habían conocido a Jesús. La palabra «conocí» (ginōskō) significa: conocer (experiencialmente) v. — conocer o tener conocimientos acerca de (alguien o algo); normalmente como adquiridos a través de la observación o los sentidos. En otras palabras, fueron personas que no tuvieron una relación diaria con Jesús. Para poder conocerlo, debemos de estar cerca lo suficiente para poder observarlo con todo nuestro ser. Esto significa, poder escuchar su voz y sentir sus abrazos en su presencia. Esta cercanía desata una convicción en nuestra vida que destruye el poder del pecado. Causa que el Espíritu de Dios y la Obra de Jesucristo sea una realidad en nuestra vida diaria. Ahora, si nuestra relación con él no está bien, tampoco tendremos la fe necesaria para poder creerle que él quiere hablarnos personalmente.

Y esta es la segunda forma en la que se nos hace difícil escuchar la voz de Dios. La falta de fe, que es el resultado de la falta de conocimiento. La sensibilidad a la voz de Dios viene a través de la intimidad y el conocimiento revelador, que está vacío de pecado y desobediencia. Es importante que mantengamos nuestros corazones puros, nuestras mentes santas y que ejercitemos continuamente nuestros oídos y ojos espirituales para poder escuchar a Dios. Permite que la Palabra de Dios penetre en tu corazón y te limpie, te purifique y te haga sensible a su voz.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. No hay cosa creada oculta a Su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Hebreos 4:12–13, NBLA)
“Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.” (Hebreos 5:14, NBLA)

Preguntas para la reflexión:

  1. ¿Cómo defines el pecado?
  2. ¿Cómo define la Biblia el pecado?
  3. ¿Hay algún pecado del que necesites arrepentirte?
  4. ¿Has caído en el engaño de que puedes ministrar milagros, profetizar a la gente, echar fuera demonios, y sin embargo vivir en pecado?
  5. ¿Se han convertido esos pecados en un estilo de vida? Si es así, ¿necesitas ayuda para derrotarlos poniendo en práctica 1 Juan 1:9?

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